La legítima defensa opera ante la simple amenaza, así lo determinó la Corte Suprema de Justicia en su sala de casación penal al dictaminar que

no es necesario un grado de materialización física de la conducta, puesto que, según lo ha considerado la doctrina, cuando un individuo saca un arma y se dirige hacia otro, esgrimiéndola con el evidente propósito de materializar el ataque, ya el atacado es considerado en condiciones de defensa legítima.

Vale la pena señalar que el artículo 32 del código penal consagra la legítima defensa cuando una persona se ve expuesta a una agresión ilegítima que pone en peligro algún bien jurídico individual, así mismo, se considera que la agresión puede ser actual o inminente. Es decir, que ésta se haya iniciado o sin duda alguna vaya a comenzar, y que aún haya posibilidad de proteger el bien en peligro o incluso la integridad del atacado, siendo así que la defensa ha de resultar necesaria para impedir que el ataque se haga efectivo.

Para la Corte, cuando un individuo saca un arma y se dirige hacia otro esgrimiéndola con el evidente propósito de materializar un ataque, el atacado se considera en condiciones de defensa legítima, y ya se ha producido la injusta agresión que exige la ley para considerar el caso como “legítima defensa”.

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Esta sentencia se dio al analizar un caso de atraco en la ciudad de Medellín, donde dos sujetos que se transportaban en una motocicleta, amenazaron con armas de fogueo al conductor de una camioneta buscando despojarlo de sus pertenencias. Esto generó la reacción del ciudadano quien disparó a uno de los agresores dejándolo gravemente herido.

Aunque el apoderado de los delincuentes sostuvo que para que operara la legítima defensa era necesario un grado de materialización física del ataque, la Corte Suprema desestimó este argumento por considerar que bajo esta lógica, sería necesario aceptar entonces que quien se defiende tendría que dejarse herir para poder repeler el ataque.

Los Magistrados expresaron que un acto de esta naturaleza constituye una agresión, y aún cuando el atacado no haya comenzado a sentir los efectos físicos del ataque, tiene el derecho a defenderse y su defensa será considerada justa.

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Con ponencia del Magistrado Luis Guillermo Salazar Otero, el Alto Tribunal determinó que la reacción no es exagerada, puesto que el atacado se limitó a disparar una sola vez su arma de fuego para neutralizar a quien lo ponía en riesgo, aclarando que existe la proporcionalidad que exige la legítima defensa, procediendo entonces a aceptar la solicitud de preclusión solicitada por la Fiscalía en favor del ciudadano.

Por lo tanto, la circunstancia de utilizar un arma para intimidar a una persona y sobre esa base buscar doblegarla para hacerla víctima de una conducta punible, autoriza la defensa por parte de la víctima.

Con información de: PSC Noticias